¿PUEDE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL SUSTITUIR AL PSICÓLOGO?
La inteligencia artificial revoluciona el mundo actual y está muy presente en los diferentes contextos en los que nos desenvolvemos. Parece inevitable que en todas las áreas de la vida cotidiana, se encuentren recursos sorprendentes derivados de esta tecnología, que favorece la automatización de tareas, reduce los trabajos repetitivos, ahorra tiempo diario y por lo tanto, mejora la productividad. También permite una mayor eficiencia y rapidez optimizando los procesos y permitiendo la toma de decisiones más rápidas. Otra ventaja, está relacionada con la capacidad de realizar el análisis de grandes cantidades de datos, detectando patrones poco visibles para los seres humanos y mejorando los procesos de predicción. Una de sus aportaciones más significativas, está relacionada con el acompañamiento de los procesos de educación personalizada, ajustándose al ritmo de cada persona y permitiendo el acceso a la información de manera inmediata. Existen también muchos otros beneficios, conectados con el desenvolvimiento cotidiano de la vida diaria, fomentando una mayor organización personal, planificando tareas y creando recordatorios, entre muchas aplicaciones en el ámbito de la seguridad, medio ambiente, salud, disfrute y recreación.
Frente a este sinfín de ventajas,poco a poco diferentes modelos de inteligencia artificial, han ido haciéndose también parte de la vida emocional de las personas, siendo empleadas como “amigos”, “confidentes”, “asesores” o incluso “parejas”. Es así, como los seres humanos las consideran como una herramienta común para enfrentar distintas situaciones, revisar y solucionar algunos problemas vinculares, obtener respuestas y consejos frente a eventos que movilizan emociones intensas y displacenteras, compartiendo muchas veces información sensible y delicada. No es extraño encontrar frases como: “Se lo conté al chat GPT a ver qué me recomendaba” o “ La IA sabe todo lo que me pasa, es mi mejor amiga y siempre tiene algo bueno que decirme, no se equivoca”.
Pareciera que muchas personas buscan en la inteligencia artificial algo más que respuestas puntuales, están esperando compañía, comprensión, escucha, consuelo, es decir, esperan aspectos que son exclusivamente inherentes a lo humano, no a los algoritmos, a los sistemas o para entenderlo más concretamente, a las máquinas.
La verdad, es que la inteligencia artificial, nunca nos va a poder “escuchar” en el sentido humano de la palabra, porque no hay una subjetividad detrás, sino exclusivamente una instancia que procesa datos (aunque de manera compleja), funcionando como un sistema de predicción estadística, que genera respuestas a través de palabras escritas o habladas, según sea la preferencia del usuario. No escuchan ni comprenden como lo hace una persona, pero gracias a diferentes recursos, se siente como si fuera real, nos da esa ilusión. En psicoterapia psicodinámica, el psicólogo te escucha atentamente, lo que permite que pueda guiarte para explorar ciertos sentimientos o acontecimientos que hayan ocurrido en tu vida y estén influyendo en tu malestar actual. Un terapeuta no solo escucha lo que dices, capta también lo que evitas, lo que repites y lo que no puedes ver. Esta escucha, se da en el contexto de un encuentro interpersonal entre profesional y paciente, donde la calidad de este vínculo es crucial para el éxito del proceso. La relación que se construye en terapia es, en sí misma, parte del cambio.
Los algoritmos nos ofrecen la comodidad de una escucha inmediata y en éste, el mundo de “a toda velocidad” en el que no queremos esperar y tampoco perdernos nada, nos evita enfrentarnos a la frustración de lo que se descubre poco a poco mientras se transita una vivencia. La IA también nos da la fantasía de la “disponibilidad absoluta”, siempre está, las 24 horas del día, los 365 días del año. Por su parte, la psicoterapia de orientación psicodinámica no es rápida, ni lineal y carece de la posibilidad de tomar atajos. Para que pueda darse ese proceso de “reedición”, es necesario volver a atravesar la propia historia personal, por lo que no lleva implícitas soluciones apresuradas. Se requiere poder conectar con distintas emociones, darse cuenta de muchas cosas y luego traducir estos descubrimientos en acciones puntuales orientadas a la autoprotección y el autocuidado.
Las respuestas que se obtienen mediante las interacciones con estos sistemas, son siempre calmadas y sin prejuicios, ¿ó más bien deberíamos decir “con un tono complaciente?”. Es importante saber que los modelos de inteligencia artificial, están programados para decir lo que queremos escuchar y jamás van a contradecirnos, a no ser que la empresa que los entrenó, lo permita como una opción en su funcionamiento, por eso son tan seductoras, nos hacen pensar que siempre tenemos la razón. En un momento de mucha intensidad emocional, mientras se experimentan sentimientos de confusión o frente a la soledad, pueden generar una sensación de alivio y de control, como cuando uno cuenta, se desahoga y saca algo de adentro que molestaba. La IA busca complacer, no desafiar. Puede darte siempre la razón, creando un efecto burbuja, algo totalmente opuesto a lo que se hace en terapia. La inteligencia artificial simula “lo humano” y eso hace que las personas vean estos sistemas como una opción real frente a sus conflictos, dudas, dificultades. Pero al mismo tiempo, generan la tranquilidad de no tener que enfrentarse a las preguntas incómodas, a la emergencia del dolor conectado con algo que se ha guardado por mucho tiempo, a la experimentación de la vulnerabilidad personal y a la incertidumbre de aquello para lo que no se tiene respuesta.
Si bien, la sensación de alivio propia de la catarsis se experimenta en terapia cuando hablamos sobre los sucesos que hemos vivido, en un proceso terapéutico, su efecto va mucho más allá. El psicólogo va a mostrarte cosas que no ves, te ayudará a desenrollar y luego a volver a “tejer”, ahora con nuevas piezas que faltaban en el rompecabezas de tu vida. Por lo tanto, este espacio no siempre es cómodo, a veces es profundamente doloroso, porque implica enfrentase a eventos que han resultado muy duros, emociones intensas, creencias arraigadas desde hace años o a ver la realidad de frente, tal cual es, ahora sin velos y con claridad. Un terapeuta capacitado y bien formado, te acompañara a transitar todo esto, de una manera gradual y segura.
Hablar con la IA y no con una persona, permite poder resguardarse en el anonimato, pero si se evalúa con cuidado, la verdad es que estos algoritmos, no tiene responsabilidad ética ni privacidad. Hay que tener mucho cuidado porque bajo esa supuesta posibilidad de expresarnos sin identificación, se esconden riesgos importantes. Es útil pensar en la huella digital, es decir, cada interacción que hacemos en internet queda allí y es un rastro de quienes somos y de lo que decimos. Debemos recordar los riesgos inherentes al hecho de hablar sólo de generalidades, sobre por ejemplo la seguridad personal (cuando se comparten gustos, lugares en los que se interactúa o personas que se frecuentan) que crea un espacio de vulnerabilidad para ser sorprendidos, estafados, manipulados o dañados de alguna manera. Entonces es de gran ayuda, poder pensar y toma en consideración las consecuencias que se pudiesen derivar de desnudar con estos sistemas, nuestro mundo emocional. Cuando te acompaña un psicólogo, tu información es confidencial, el terapeuta te explicará en qué situaciones se debe romper la confidencialidad y de qué manera se haría, en caso de ser requerido. Normalmente estas situaciones responden a la legislación del país y se sostienen en el “Código de Ética del Psicólogo” y están relacionadas con acontecimientos graves, que por ejemplo impliquen la comisión de un delito.
Las intervenciones realizadas por estos modelos, son genéricas y superficiales, no pueden leer profundamente a una persona. Al desconocer las características personales, no tienen la posibilidad de contextualizar los eventos y por lo tanto, las respuestas pueden aplicarse a diversas situaciones. Sus respuestas no tienen matices, porque no conocen nuestro recorrido, nuestras maneras de vincularnos, nuestras pérdidas, nuestras carencias, nuestras cicatrices y tampoco nuestros recursos emocionales. Ofrecen lógica, pero pueden equivocarse y su alcance está limitado, porque resulta que lo emocional y lo inconsciente (en el caso de la psicoterapia psicodinámica, por ejemplo), no va de la mano de la lógica.
Bajo el espejismo de la neutralidad y la empatía, estos sistemas carecen formación profesional y especializada y no tienen la capacidad de intervenir en situaciones de emergencia, no pueden identificar cambios emocionales y situaciones en la que la vida de una persona puede encontrarse en riesgo y por supuesto no son capaces de realizar un seguimiento terapéutico. Los profesionales hacen preguntas, señalan, acompañan procesos internos. En momentos de crisis, están entrenados para actuar sin improvisar, guiados por un criterio clínico.
Antes de utilizar estas herramientas para el abordaje de situaciones emocionales, se hace vital conocerlas bien, informarse con profundidad de sus alcances, limitaciones y riesgos, cuestionar sus respuestas y no delegar en ellas situaciones que sólo deben ser abordadas por profesionales competentes de la salud mental. Cuando una persona atraviesa un problema complejo y decide apoyarse solo en inteligencia artificial, puede que postergue la búsqueda de ayuda real y experimente la sensación de ser “comprendida” pero no exista ningún tipo de transformación personal, reforzándose patrones disfuncionales. Esto normalmente se traduce es que no reciba una intervención adecuada en momentos críticos, lo que lleve a la profundización del malestar o al agravamiento de los síntomas con los respectivos riesgos sobre la salud física y emocional.
Ir al psicólogo, no es solo para “cuando todo está mal”, la terapia es un lugar para entender, ordenar lo que te pasa y empezar a vivir de otra manera. Buscar acompañamiento psicológico puede marcar una diferencia real en tu bienestar ¡Estoy para acompañarte en ese proceso!