LA MIGRACIÓN: CAMBIOS Y MOVILIZACIÓN EMOCIONAL

Dejar el contexto conocido, para aventurarse a vivir en otro lugar, implica un cambio abrupto, que enfrenta a las personas con retos altamente exigentes a nivel emocional, e incluso cognitivo. Si bien, los primeros momentos pueden ser también emocionantes (por la novedad, las cosas curiosas experimentadas y el espacio para descubrir lo hermoso o peculiar del sitio) esa visión inicial de “turista” se va transformando, dando origen a la comprensión progresiva, de que la estadía quizá no será temporal, o al menos no por un corto plazo.


Tras las primeras etapas de ilusión, la migración puede contactarte con la sensación de “no pertenecer”, de ser externo, al país que ahora habitas. Puedes enfrentar dificultades importantes como no hablar el idioma lo suficientemente bien, o no entender las expresiones locales, o quizá ser percibido como diferente, por tener un acento o apariencia distinta a los oriundos del lugar. Para cada persona, este factor puede influir con mayor o menor intensidad, pues cada proceso emocional es único.


En oportunidades los problemas para comunicarte con la gente del país de acogida, pueden hacerte sentir aislado y solo, sobre todo si no tienes familia o personas de tu misma cultura a tu alrededor o que manejen “códigos” similares a los que estabas acostumbrado. Es importante recordar que no eres el único que se siente así; muchas personas experimentan estos sentimientos cuando se mudan a un nuevo lugar. Uno de los mayores retos para los migrantes, pero al mismo tiempo una excelente herramienta, es trabajar en hacer nuevos amigos, por lo que participar e integrarte en las actividades de la comunidad, te ayudará a sentirte más conectado con los demás, en el nuevo espacio en el que te encuentras. En ocasiones, será un trabajo sencillo y en otras, costará más lograr que estos nuevos vínculos se materialicen.


Otro factor, tiene que ver con las expectativas que la gente establece antes de migrar. Cuando estas son muy altas y la persona se encuentra con que no puede cumplirlas (por ejemplo en el tiempo que estableció inicialmente), puede sentir que no está progresando en su vida de la manera que esperaba. Esto genera frustración y provoca tristeza y enojo, afectando negativamente la autoestima. La flexibilidad y la comprensión de que muchas variables no dependen del trabajo y esfuerzo personal sino de factores externos (leyes migratorias por ejemplo), fomentará una actitud más resiliente y compasiva con los propios logros, dándole valor a lo que se alcanza progresivamente. Conectarse con actividades placenteras, suministrará también oportunidades para valorar las habilidades personales y mejorar el autoconcepto.


El cambio del estatus socio-económico, puede ser otra realidad para los migrantes en cualquier lugar. Es posible que te resulte complicado llegar a fin de mes, o que no puedas permitirte las cosas que te eran fáciles alcanzar, cuando vivías en tu país (por ejemplo, tener los recursos necesarios para acceder a la atención médica básica, poseer cierto mobiliario en tu nuevo hogar, conocer los lugares significativos de tu ciudad, viajar, etc.) lo que generaría sentimientos de vulnerabilidad. Un problema relacionado, es el de sentirte excluido del grupo social, por tu situación económica. Esto puede ser muy duro, especialmente si anteriormente estabas acostumbrado a desempeñarte en buenos trabajos (ajustados a tu perfil educativo) y no tenías dificultades para cubrir todas tus necesidades, deseos y también mantener a tu familia. Muchas veces al migrar, la persona que lo hace, tiene la responsabilidad de tener que proveer económicamente al grupo familiar que se quedó en el país de origen, lo que agrega otra fuente de angustia, para quien está intentando adaptarse a una realidad completamente distinta.


Considerar que la migración puede representar una especie de “reseteo” del estilo de vida previo, permite poner en perspectiva las dificultades actuales, entendiéndolas como circunstanciales y no definitivas. Establecer algunos límites realistas con quienes se decide ayudar, también promueve el autocuidado, logrando un mejor equilibrio entre atender las necesidades de otros y las que generan el propio bienestar. Permitirse algunas concesiones realistas, puede representar una inversión en el bienestar emocional, que al ser superior, favorecerá la motivación y por ende el mantenerse enfocado en el alcance de metas y el mejoramiento del estatus socio-económico inicial.

Separarte de las personas que amas y de todo lo conocido (las tradiciones, los lugares, los sabores) implica un proceso de duelo, que puede ser muy doloroso. Si bien es algo normal en la migración y tiene su propia evolución, aferrarnos a lo vivido calificándolo como “mejor que lo actual”, afectará la disposición a aprender y la posibilidad de descubrir nuevas experiencias placenteras, que serán integradas a lo característico del país que se siente como propio antes de emigrar. Es importante volver a considerar las razones por las que se tomó la decisión de mudarse y mantenerse enfocado es los objetivos inicialmente establecidos. Idealizar la propia cultura y sus características, sólo hará más difícil el proceso, puede que incluso descubras que tienes más oportunidades en el nuevo país, que en tu tierra natal. Poder conversar en los días difíciles con nuestros seres queridos y sentir su afecto, nos dará aliento para continuar. Los dispositivos digitales, permiten acercarnos a aquellos que se encuentran a miles de kilómetros en tiempo real y que los espacios de soledad, sean mejor manejados.


Al final, es importante recordar que tienes libertad para cambiar de rumbo, cuando crees que no se están concretando progresivamente tus planes o a pesar de muchos esfuerzos, no sientes que puedes adaptarte. Si luego de transitar este proceso emocional y elaborar los respectivos duelos, tu país de acogida no satisface tus necesidades o expectativas realistas, aunque hayas probado diferentes opciones, trabajado con esfuerzo, aprovechado distintas oportunidades, tienes derecho a marcharte, probar otras posibilidades o devolverte; sin que esto implique que fracasaste. Regresas lleno de otras experiencias y con nuevas habilidades para entender y actuar sobre el entorno, reconociendo en ti otros recursos que inicialmente no habías descubierto.


La migración puede hacerte sentir muy abrumado en sus diferentes etapas (sea que estés pensando en hacerlo, estés recién llegado a otro lugar, ya tengas tiempo y te sientas más adaptado o estés considerando regresar), quizá necesites a alguien con quien hablar acerca de tus sentimientos, dudas y vivencias. Si estás experimentando estas dificultades, es importante que busques ayuda de un profesional ¡No tienes que pasar por esto solo! En Contacto Emocional, estamos dispuestos a acompañarte, no dudes en contactarnos.

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